Juan Martín Boné nace en Montevideo, Uruguay, en 1971. Formación: Escuela Nacional de Bellas Artes, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay. Exposiciones individuales: 2008 Emergente uno, Sala Pareja, Escuela Nacional de Bellas Artes, Montevideo, Uruguay. Juan Martín Boné born in Montevideo, Uruguay, in 1971. Education: Nacional Fine Arts School, University of the Republic, Montevideo, Uruguay. Solo Exhibitions: 2008 Emergente uno, Sala Pareja, Nacional Fine Arts School, Montevideo, Uruguay.

Obstáculos del artista a la hora de crear

noviembre 22nd, 2012

Consejos a artistas del Dr. Encausse (La Coruña, 1865 – París, 1916) para vencer las distracciones a la hora de trabajar. Fragmento extraído del “Tratado elemental de magia práctica”:

“No existe artista ni escritor que no haya sentido surgir en él los fenómenos que se exponen a continuación. Supongamos que después de los sucesivos aplazamientos, que después de la crisis de pereza y de pesimismo que os han mortificado, al fin ya os pusisteis a la labor de realización intelectual. Os imagináis que el esfuerzo volitivo que habéis desarrollado para llegar a esto es lo suficiente y necesario, y que todo marchará enseguida como la seda. Pero apenas os habéis dedicado a escribir o a dibujar, un inmenso deseo de dejar la tarea y salir andando os domina, y os parece que afuera de aquel sitio vais a encontrar solución a la idea cuyas borrosas penumbras os embarazan. Semejantes deseos adquieren tal consistencia, que si ya no estáis acostumbrados a resistirlos, os levantareis de seguro para dejar la labor y salir fuera. Si esto sucede es que sucumbís a las acechanzas que os tiende el ser impulsivo, a quien la quietud física abruma, y desde luego que al complacerle no hallaréis en otra parte la esperada iluminación de vuestras ideas. Lo que sucede  es que el ser instintivo, cuyo habitual modo de acción es el ejercicio de andar os ha engañado y burla vuestra vigilancia; más si admitimos que conocéis sobradamente sus artes, y que en lugar de caer en el lazo, vuestra voluntad entra en tensión para cumplir el designio formado, entonces el ser instintivo cambia de táctica. El deseo de física acción desaparece como por encanto; una sed intensa progresivamente se acentúa a medida que el trabajo intelectual se realiza. Esta es otra astucia del ser instintivo, porque cada trago de líquido que se tome, roba una porción de energía nerviosa condensada en aquel instante en el cerebro, y hará por consecuencia que se debilite la fuerza resolutoria de la realización proyectada.

Pero os concederemos que domináis también esta sensación y que el lápiz comienza a correr sobre el papel. Entonces los demás centros impulsivos entran en campaña, los físicos deseos enmudecen; pero las emociones sentimentales se manifiestan. Los recuerdos de las luchas pasadas, de las afecciones de otras épocas, de las ambiciones para el futuro, van dibujándose en vuestra mente poco a poco, y un estímulo, en apariencia invencible, os impulsa a dejar el trabajo, a echaros hacia atrás, y a dejar que vuestro espíritu vague en alas de una melancólica dulzura o del ardor impetuoso de los ensueños que se esbozan. ¡Cuántos jóvenes realizadores, poco duchos en tales lides, se dejan reducir por la tentación, y cuantas veces la obra suspendida queda en el punto en que el autor la suspendió! Y no hablemos de la acción combinada del deseo de actividad y de los sentimientos que se incorporarán frecuentemente a estas dos impulsiones aisladas. Estas son reacciones que cada autor supone de índole personal y sólo dominables por un hábito instintivo de gran regularidad en el trabajo o por privilegio de la edad; lo cierto es que son producidas por la esfera anímica.

Réstanos tratar de la más peligrosa emboscada en la que suelen caer casi todos los que supieron triunfar de las precedentes reacciones. Cuando el realizador supo resistir al deseo de acción, al de tomar alimentos o excitantes, a la cólera, al enervamiento, a las emociones sentimentales y persigue obstinadamente su camino, de pronto lo detiene el fulgor de una idea prodigiosa, hasta entonces oculta, que promete abrirle soberbias perspectivas nunca exploradas. Después de esa idea, surge otra, y después una magnífica serie, y todo ello de un modo tan inesperado, tan encantador, que rápida el individuo se precipita sobre el papel o sobre el lienzo donde fácilmente traza el boceto que progresivamente le distancia de su primer designio, y cuando vuelve a la realidad de la situación, el cerebro, ya fatigado por el imprevisto esfuerzo, queda sin fuerzas para seguir trabajando. Entonces se ordenan cuidadosamente las preciosas notas recogidas, y así va pasando el tiempo, mientras se llena el cajón de apuntes sin que quede lugar para poner fin a la obra comenzada. He aquí el modo de reacción desarrollado por la esfera intelectual, que no queriendo doblegarse al despotismo de la voluntad que momentáneamente obligada a aquella a permanecer inmóvil, ataca al espíritu del autor exhibiéndole la belleza de ideas encaminadas, a sacudir el aludido yugo de la energía que le tuvo a raya. La paciencia y la perseverancia opuestas al ser impulsivo, permiten llegar rápida y seguramente al objeto que se propone el realizador, quien no debe perder de vista ni un instante el fin perseguido. Recuerde la clásica leyenda de las sirenas”.

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